Toros y Copla

Mantoncito de manila, rico pañuelo chinés que se ciñe y se perfila de los hombros a los pies como si de carne fuera. El que recuerdas al verte cuando en el baile revuelas...; la novia de Luis Candelas y el pañuelo de Reverte. Hoy, hoy tu bordado chillón es como un palio lujoso que cubre amante y piadoso mi ya muerto corazón.

19 mayo 2006

Naturaleza muerta

12 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Estoy de acuerdo con el comentario anterior, es penoso que la gente haga del sufrimiento y muerte de un animal un espectáculo. Dice muy poco de España. Afortunadamente esta mal llamada fiesta va a menos y sus aficionados cada vez se van reduciendo más. LA TORTURA NO ES ARTE NI CULTURA.

6:28 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Señor Papa Negro... Aquí me tiene para luchar espalda con espalda...

Un poco tarde? Espero que no...

Sol y Moscas

10:47 p. m.  
Blogger Admin said...

otro que se une a su lucha, Santidad....

2:13 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

ESPALDA CON ESPALDA ,JAJAJJAJAJAJA ¿Quién dice esas idioteces? sol y moscas .......joer vaya nombre , me imagino como huele su cerebro.......he pasado por su blog algún día y está como una chota.Eso si ,se escucha y se relee.

Esto de los blog es lo que tiene que sirve para vomitar tonterías,desahogar la soledad, la falta de cariño y no tener que ir al centro de salud mental.
La verdad es que dais mucha pena.

Dejaros ya de tonterías ,que si vuecencia, que si señora condesa , que si a sus pies , que si, santidad , que si su ilustrísima ....ESTAIS VIVIENDO EN UN MUNDO MÁS QUE VIRTUAL .
y encima sois maltratadores.
Pareceis crios .

11:23 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

MATARIFE!!!!!!

6:56 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

QUE PASA CALVOROTAS!!!!!!HAZME UNA POESÍA QUE ME ENTISTECE MUCHO NO LEER TUS VERSOS!!!!

6:19 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

YA NO TE ASOMAS DONDE EL COLGAO ESE DEL SOL Y MOSCAS? ASOMA LA CALVOROTA QUE VEAMOS LO LEIDO QUE ERES JAJAJAJAJAJAJAJAJAJ
CULTURETA DE 5 DUROS

7:39 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Tal vez hayas oído que la fiesta de los toros es un arte, pero no lo es....
Es una Ciencia...
La ciencia de la Tortura
Nada en la fiesta brava es genuino, solo el dolor



Se cree valiente pero no lo es; no tiene carácter fuerte

24 Horas antes de entrar en la arena, el toro ha sido sometido a un encierro a oscuras para que al soltarlo, la luz y los gritos de los espectadores lo aterren y trate de huir saltando las barreras, lo que produce la imagen en el publico de que el toro es feroz, pero la condición natural del toro es huir NO atacar.

También se le han recortado los cuernos para proteger al torero Le colgaron sacos de arena en el cuello durante horas.
Lo golpearon en los testiculos y los riñones Le indujeron diarrea al poner sulfatos en el agua que bebió Todo esto es con el fin de que llegue débil al ruedo y en completo desorden. Se le ha untado grasa en los ojos para dificultar su visión y en las patas se le puso una sustancia que le produce ardor y le impide mantenerse quieto, así el torero no desluce su actuación.

Los caballos de los picadores

Se eligen a caballos que ya no tienen valor comercial, por que el animal muere en 3 o 4 corridas a lo mucho, es muy habitual que el animal sufra quebraduras múltiples de costillas o destripamientos. Se les coloca un peto simulando que se les protege, pero en realidad se trata de que el publico no vea las heridas al caballo que con frecuencia presentan exposición de vísceras.


El trabajo del picador

Si el torero percibe que el toro embiste con mucha energía, ordena al picador hacer su trabajo: Consistente en desangrar al toro para debilitarlo, clavándole en el lomo una lanza que destroza músculos (trapecio, romboideo, espinoso y semiespinoso, serratos y transversos de cuello) Lesiona, además, vasos sanguíneos y nervios.

Esto es para que el torero pueda brindar la expresión artística que se supone debe tener este espectáculo.

Un solo puyazo podría destrozar al toro, por eso se hace en tres tiempos "para mayor goce de la afición."

Las banderillas

Las banderillas aseguran que la hemorragia siga; se intenta colocarlas justo en el mismo sitio ya dañado con los ganchos de metal. El gancho se mueve dentro de la herida con cada movimiento del toro y con el roce de la muleta, el peso de las banderillas tiene precisamente esa función.

Algunas banderillas tienen un arpón de 8 cms, y se les llama "de castigo", a las cuales es sometido el toro cuando ha logrado evadir la lanza del picador. Las banderillas prolongan el desgarre y ahondamiento de las heridas internas. No hay límite al número de banderillazos: tantos como sean necesarios para desgarrar los tejidos y piel del toro.

"Demostrando Valor"

La pérdida de sangre y las heridas en la espina dorsal impiden que el toro levante la cabeza de manera normal, y es cuando el torero puede acercarse
Con el toro ya cerca del agotamiento, el torero no se preocupa ya del peligro y se puede dar el lujo de retirarse del toro después de un pase especialmente "artístico", echando fuera el pecho y pavoneándose al recibir los aplausos del público

Cuando el toro alcanza este estado lastimero, el matador entra en el ruedo en una celebración de bravura y machismo, a enfrentarse a un toro exhausto, moribundo y confundido

La Espada

El toro es atravesado con una ESPADA de 80 cms de longitud, que puede destrozarle el hígado, los pulmones, la pleura, etc., según el lugar por donde penetre en el cuerpo del animal; de hecho, cuando destroza la gran arteria, el toro agoniza con enormes vómitos de sangre.
A la hora de matar, si el toro corre con un poco de suerte muere de una estocada, pero no como se piensa de una estocada al corazón si no que la espada penetra pulmones y diafragma, a veces una arteria mayor, y de ahí la hemorragia que se aprecia del hocico y de la boca. A veces mueren ahogados en su propia sangre

La Tortura sigue

El toro, en un intento desesperado por sobrevivir, se resiste a caer, y suele encaminarse penosamente hacia la puerta por la que lo hicieron entrar, buscando una salida a tanto maltrato y dolor. Pero entonces lo apuñalan en la nuca con el DESCABELLO, otra larga espada que termina en una cuchilla de 10 cms. A pesar de estos terribles tormentos, el animal no suele morir de inmediato por su gran fuerza, pero finalmente cae al suelo, porque la espada a ido destrozando sus órganos internos.

La Tortura sigue

Lo 'rematan' con la PUNTILLA de 10 cms. con lo que intentan seccionarle la médula espinal, a la altura de las vértebras 'atlas' y 'axis'. El toro queda así paralizado, sin poder siquiera realizar movimientos con los músculos respiratorios, por lo que muere por asfixia, muchas veces ahogado en su propia sangre, que le sale a borbotones por la boca y la nariz.

El Arrastre

DESPUES QUE LE DESTROZAN LAS VERTEBRAS, EL TORO PIERDE CONTROL SOBRE SU CUERPO DESDE EL CUELLO HACIA ABAJO, SIN EMBARGO HACIA ARRIBA SE MANTIENE INTACTO, POR LO QUE ESTA CONCIENTE DE TODO EL HORROR Y DE CÓMO ES ARRASTRADO FUERA DEL RUEDO.

NO SEAS INDIFERENTE A SU DOLOR

No seas participante de estos eventos, no es humano presenciar, esas tradiciones no van con el siglo XXI

Reflexiona

La conmiseración con los animales está íntimamente unida con la bondad de carácter, de tal manera que se puede afirmar de seguro, que quien es cruel con los animales no puede ser buena persona.
Schopenhauer

Solo los sicópatas se gozan tu eres uno de ellos reflexiona renuncia! esta es una tradición que NO debe continuar

¿Cómo puedes Ayudar?

No asistas a corridas de toros
No apoyes a políticos, artistas y comunicadores asociados a esta barbarie
No consumas productos de empresas que los patrocinen

Pero lo mas importante... Enseña a tus hijos el respeto por los seres vivientes

7:47 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

¿Por qué seguimos siendo tan salvajes?

La crueldad colectiva con los animales sigue divirtiendo a muchos españoles - Los ayuntamientos financian tradiciones supuestamente ligadas a mitos de fertilidad y hombría

CARMEN MORÁN

EL PAÍS - Sociedad - 18-09-2008
Los españoles suelen presumir de cómo ha avanzado el país en pocos años o, como se decía, que Europa ya no acaba en los Pirineos. A esta vanagloria contribuye sin duda el reconocimiento en el exterior del cambio hacia el civismo y la modernidad. Salvo en ciertas fiestas populares, en las que miles de animales siguen siendo torturados en una extraña diversión colectiva, muchas veces pasada por el alcohol. Tradiciones que algunos municipios ya han suavizado o erradicado, pero que perviven en nombre de una dudosa cultura en muchas otras localidades.

Cuando se trata de mantener las tradiciones más bárbaras, no gusta que el extranjero mire, ni opine, ni critique. ¿Qué sabrán ellos? Y los lugareños son capaces de apalear incluso a los paisanos si muestran su repulsa hacia esos espectáculos.

Esta misma semana, los famosos alanceros de Tordesillas (Valladolid) han dado muerte a Valentón, un toro que bajó acosado por las calles del pueblo, cruzó el puente sobre el Duero y escapó campo a través. Eso creía, pero allí lo esperaron las lanzas, que lo atravesaron hasta que le dan muerte. Confrontar lo ocurrido cada año con la versión de los matarifes es en vano, porque no permiten que los foráneos se acerquen al toro ni lo fotografíen cuando le dan la puntilla, ni cuando lo trasladan en un camión, ya sin rabo, de nuevo al pueblo.

Los grupos ecologistas creen que ha llegado el momento de plantear este asunto como una cuestión de "dignidad nacional" y dejar "de hacer el ridículo", pero saben que lo que tienen enfrente no es sólo la sacrosanta tradición sino también el interés de las autoridades, el negocio de la fiesta.

El maltrato no distingue animales. Cuando acaba la celebración hay gallos decapitados, gansos descoyuntados, plumas, cuernos, sangre, fuego, vísceras, cerdos, cabras y burros estresados; todos ellos han contribuido a perpetuar antiguos mitos asociados a la fertilidad y a la hombría, pero en España triunfan los bovinos, da igual que sean torazos de 500 kilos que malhadadas vaquillas que se desangran entre bomberos toreros.

Y triunfan porque en estos encierros, los famosos y los de pueblillos de tres al cuarto, corre el dinero público. "Divertirse con vacas y vaquillas goza de más reconocimiento y protección porque se amparan en las corridas de toros, completamente reglamentadas, y los ayuntamientos dejan dinero en estos espectáculos", dice Theo Oberhuber, de Ecologistas en Acción.

"Porque enfrentarse al toro también se hacía en Inglaterra, pero acabaron con aquellas tradiciones hace mucho tiempo. Y sin embargo, lo que no ocurre en ningún país bananero pasa en España, que sus señorías se ponen a discutir en el Congreso cómo y de qué manera se ha de maltratar a un toro en la plaza", añade Manuel Cases, vicepresidente de la Asociación para la Defensa y Derechos del Animal (ADDA), una de las organizaciones con más solera en este campo.

Los ecologistas dicen también que muchos de estos espectáculos no tienen más tradición que 30 o 40 años. Son pocos los que se remontan siglos atrás. "Cada vez hay más rechazo social, pero al final es una cuestión que depende de los ayuntamientos", asegura Oberhuber. Y ¿cómo esperar que un ayuntamiento tome la iniciativa de prohibir estos festejos que ellos mismos subvencionan e incluso pagan por completo?

En los pueblos pequeños no hay alcalde que se atreva a contrariar al pueblo en sus fiestas. Y los que las rechazan, callan. "Y los partidos políticos mayoritarios siempre juegan a lo mismo: cuando están en la oposición prometen una ley nacional contra el maltrato animal, pero cuando llegan al Gobierno ya no se acuerdan", lamenta Manuel Cases.

Los defensores de estos festejos suelen dar respuestas que se caen por su propio peso. "También comemos carne y matamos para eso" o aquello de "el que no sea de aquí, que no opine"; pero otros enarbolan la bandera de la tradición como un legado precioso que no puede perderse.

¿Lo justifica todo la tradición? "La tradición es la cultura de los pueblos, por eso se rebelan cuando les quieren desposeer de ello", dice el profesor de Antropología Social de la Universidad de Extremadura Javier Marcos. Y añade: "España ha sido un país rural y campesino donde los animales siempre han estado muy presentes. Cada uno de ellos tenía un valor simbólico, por ejemplo, los gallos en la tradición judeocristiana estaban muy relacionados con la masculinidad. Casi todos estos festejos tienen valor genésico, reproductor, de fertilidad". Este profesor, que imparte clase de Etnografía Regional, opina que las tradiciones van cambiando, pero lo hacen poco a poco, y cree que hay que respetar las leyes, pero no está a favor de que desaparezcan las tradiciones, prefiere dulcificarlas como una "respuesta adaptativa al progreso".

Y se suma a aquellos que defienden que "lo que es cultura o no, no se puede decir desde fuera de los contextos en que suceden las cosas, deben valorarse desde dentro, desde las propias culturas locales; las cosas no se cambian con decretos, mire lo que pasó con el carnaval, que estuvo prohibido y ha resurgido con toda la fuerza". Marcos dice que "la agresividad hacia los animales ha sido siempre universal".

Sí, pero lo que sorprende que las gentes se divierta con ello. Nadie que pasea en barca cogería un ganso que nada a su lado y le retorcería el cuello sin más. Pero en las fiestas de Lekeitio (Vizcaya) las cuadrillas disfrutaban cuando el cuello del ganso crujía o se desgarraba hasta separarse del cuerpo. Ahora lo hacen con animales muertos.

Parece que el contexto en que se celebran estos acontecimientos tiene su relieve. Lo explica el antropólogo Javier Marcos: "La gente se divierte por varias razones que confluyen. Es, por un lado, una tradición ligada a un contexto determinado, a un ritual, que sólo ocurre una vez al año y eso lo convierte en algo excepcional; sería criticado y combatido si se hiciera fuera de ese espacio y ese tiempo. Por otro lado, estos animales a los que se maltrata son chivos expiatorios a los que simbólicamente se les ha cargado con los males sociales, económicos, de tal forma que la sociedad metafóricamente se purifica atribuyéndole el mal al animal. Con ciertas reservas, también podría afirmarse que estos festejos representan el triunfo de lo racional, de lo humano, sobre la bestia, lo salvaje e incontrolado; es el dominio de la cultura y de lo doméstico sobre cierta anarquía o caos, que representa el animal", menciona Marcos.

Por último, cita dos características ya ligadas al mundo actual que propiciarían, a su parecer, el mantenimiento de estos espectáculos siglo tras siglo: "A la gente le gusta lo morboso, lo impactante, y se están reproduciendo modelos de la sociedad más vigente, es decir, la violencia, los dominantes y los dominados, una violencia que ni justifico ni legitimo", advierte.

La tradición sin más no convence a muchos: "También era tradición ir a la aldea vecina, matar a los hombres y violar a las mujeres", reflexiona el neurocientífico Alberto Ferrús, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). "Un toro es un mamífero, se parece bastante a nosotros. Claro que sufre, su estructura neurológica está muy desarrollada. Una herida es un trauma para ellos y para nosotros y un proceso de acoso continuado les causa un estrés enorme", asegura. "Y claro que comemos carne, pero para matar a los animales hay que emplear la forma más civilizada posible, o sea, rápida y, si puede ser, indolora", añade.

Ferrús, del Instituto Cajal, explica que cuando un bebé se hace una herida en la yema del dedo su sufrimiento es mayor que si eso mismo le ocurre a un adulto. "Por lo mismo, un toro puede aguantar en pie una herida que a un hombre le dejaría derrotado, pero si le zahieren durante un buen rato se debilita y sufre igual, sólo hay que ver la sangre que pierden", dice.

Si los animales sufren más o menos como lo harían los humanos, ¿por qué la gente se divierte con ello? "Eso no es más que un atavismo primitivo y vandálico".

Es posible, pero en España parece que coleccionamos atavismos vandálicos. Y que los mantenemos siglo tras siglo. "Somos bárbaros por nuestra historia, pero también porque hemos tenido gobiernos muy permisivos que han tolerado todo esto. ¿Por qué no hacen un pacto para erradicarlo?", se pregunta Manuel Cases, de ADDA. No sabe por qué en España ha ocurrido esto desde siempre. "Es cosa de nuestra historia".

Pero incluso para demostrar que la historia y la tradición puede cambiarse sirven como ejemplo también estos pueblos que han puesto fin a la barbarie. En Muñana, un pueblillo de Ávila, los bisabuelos recuerdan las carreras de gallos, donde los quintos que se tallaban para ir al servicio militar demostraban su bravura. Ya no eran niños, sino hombres. A lomos de un caballo al galope arrancaban las cabezas a los gallos vivos que colgaban por las patas de un soga en alto. "Hace unos 15 años se dejó de hacer y hoy sólo lo defienden entre los jóvenes, los que son más cromañones", dice una chica que oculta su nombre. Cuando les prohibieron tan edificante jueguecito algunos desfogaron su rabia organizando las carreras de gallos en fincas privadas, lejos de los tricornios. Pero eso se dejó de hacer. "Se sustituyeron por carreras de cintas, que es lo mismo, pero tiran de unas cintas colgadas de carretes. Las cintas tienen mensajes, chorraditas, con humor", dice esta muchacha. "Los quintos de ahora ya no lo hacen, entre otras cosas porque les da asco", añade. Las cintas, sin embargo, siguen con éxito.

Las carreras de gallos han sido tradicionales también en algunos pueblos de Cáceres, como en Salvatierra de Santiago, pero se esfumaron a mediados de los setenta. Y no ha pasado nada.

Quizá estas tradiciones se extingan cuando los quintos y otros más mayores no sientan necesidad de demostrar esa suerte de hombría. Quién sabe.

En Manganeses de la Polvorosa (Zamora) hace años que se dejó de tirar la cabra del campanario, que ha sido sustituida por un muñeco de trapo y unos fuegos pirotécnicos sin que la fiesta haya perdido mucho vigor, a decir de algún vecino. También hay poblaciones en el norte que han sustituido los infelices gansos por sacos y la diversión continúa. Y algunos pueblos, como el extremeño de Villanueva de la Vera, sucumbieron a la presión de los protectores de los animales y tuvieron que demostrar año a año que no se maltrataba ni se mataba al burro que sacaban en procesión por las calles.

Los ecologistas tienen la mirada puesta en tres fiestas con toros especialmente arraigadas que repudian: el de la Vega, en Tordesillas (Valladolid), el de Coria (Cáceres) y el de Medinaceli (Soria). Pero por toda España se sacan astados a la calle, se corren encierros, se les prenden teas de fuego sobre la testuz, se les ata con sogas, se les alancea o banderillea sin cuento. "Muchas de las personas que están en el mundo del toreo repudian estos festejos", asegura Manuel Cases. ADDA siempre ha diferenciado las corridas de toros del resto de las tradiciones con animales, "no por la crueldad, que puede ser parecida, sino por las posibilidades de erradicar unas y otras".

Algunos de los eslóganes que usan los conservacionistas para combatir estas fiestas recuerdan a los lugareños que no tienen ni biblioteca y hablan de maltratar a un animal como forma de preservar la cultura. Pero no calan. "El ritmo al que se están extinguiendo estos espectáculos es muy lento, sobre todo cuando se trata de toros", dice Theo Oberhuber, de Ecologistas en Acción. Y aunque no parezca fácil enfrentarse a una multitud enardecida por la fiesta y las más de las veces por el alcohol, suelen respetar los mandatos de la autoridad competente. Así han cesado algunas aberraciones que no tenían ni la gracia de ser tradición.

Así y con la presión de los grupos por la defensa de los animales, que sin mucha ayuda se manifiestan año tras año en los pueblos más polémicos. No les falta valor; en algunos casos, como ha ocurrido en Tordesillas en ocasiones, el autobús que los transporta lleva escolta policial y suele haber más agentes que el día de la fiesta, cuando ya el alcohol hace estragos y no hay quien se atreva a meter la jeta en ese avispero.

El PACMA es el partido Antitaurino contra el Maltrato Animal. Se han convertido en la séptima fuerza política en la circunscripción madrileña. Y siguen en su lucha. El día 20 de este mes se adherirán a una manifestación convocada por un colectivo regional en Algemesí (Valencia) contra las becerradas. Dos días más tarde, el 22, y también el 24, nada impedirá que los más bravucones empleen sus peores artes taurinas con las vaquillas. Y luego le tocará el turno a otro pueblo, y luego a otro. Al pueblo le llegó el pan, pero no quiere decir adiós a la charlotada.





Entre el rechazo y la admiración

- Corridas de toros. Una encuesta de 2006 elaborada por la empresa Gallup reveló que el 72,1% de la población en España afirma no tener ningún interés por los espectáculos taurinos. Este desinterés lo demuestran sobre todo las mujeres, con un 78,5%, y las personas con edades entre 15 y 24 años, 81,7%.

- Caza del zorro. Las famosas cacerías se prohibieron en el Reino Unidos, pero los ecologistas dicen que no están extinguidas del todo, por la permisividad legal.

- Legislación. Las comunidades tienen sus propios reglamentos sobre los espectáculos que se celebran en sus territorios. Son todas ellas ambiguas y permisivas. Sólo en Canarias no se celebran, pero porque no hay tradición. En cambio "hay peleas de gallos", denuncian las organizaciones de defensa de los animales.

- Tradición. Los países anglosajones han tenido más respeto a los animales tradicionalmente, sostiene el antropólogo Javier Marcos, algo que no ha ocurrido en España.

- Dinero. La Fundación Altarriba calcula que sólo en festejos taurinos la Comunidad de Madrid gastó en 2006 unos 500.000 euros.

8:16 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Fue una tarde histórica. El 4 de mayo de 2008 quedará en los anales de la evolución ética de este país por ser el día en que, por primera vez, la protesta antitaurina plantó cara a la vergüenza nacional (que llaman fiesta y ensucian la palabra) en su propio terreno, ensangrentado. Pasaban (pero de rosca) las cinco en punto de la tarde y acababan de arrastrar al primero de los seis toros inocentes condenados a la humillación, la tortura y la muerte, cuando seis (también: iba por ellos) valientes activistas de Fundación Equanimal saltaron a la arena del coso de Las Ventas para pedir la abolición de las corridas de toros y reivindicar los derechos de los animales. ¡Olé! Hasta esa tarde, la protesta había quedado extramuros de ese patíbulo que es el ruedo, pero si pudo llegar hasta ahí es porque un movimiento ya imparable confirma y evidencia el convencimiento de que el futuro es la liberación de los animales maltratados. Así simbolicen (quieran hacer creer que simbolizan) la esencia de una nación. Si el dolor que se inflige pública e impunemente a un animal es, para más inri, emblema de identidad nacional, la liberación no será sólo suya (de los toros) sino de todos los que nunca se definirán mejor que en esta tesitura con la cursi expresión (tan propia, por cierto, de los afines a la tauromaquia) de españoles de bien.

Gente de bien eran los seis españoles que en esa tarde para la historia hicieron cola, pagaron entrada, fingieron ser público, hicieron de las tripas del toro su propio corazón para que por un momento ese corredor de la muerte de inocentes fuera un lugar decente (en el sentido de moral política con que el presidente Zapatero recuperó en el Congreso el tergiversado concepto de decencia, al celebrar la igualdad social que supuso el reconocimiento legal de los derechos homosexuales a través de la reforma del matrimonio civil). Seis personas buenas. Decentes. ¿Cómo, si no, haces algo así? Eso coincidieron en preguntarles después, una vez detenidos y a la espera de ser trasladados a dependencias policiales, tanto los responsables de Las Ventas como los miembros de la policía (algunos de los cuales confesaron a los antitaurinos ser antitaurinos, no serían de Coslada): ¿cómo se os ocurre hacer esto? Y la respuesta de las seis personas buenas: porque nos impulsan nuestros ideales, porque somos la voz de los animales que sufren, porque en la arena no hemos sido seis, sino muchos más. Cada vez más, pacíficos luchando contra el cruel especismo, como cada vez más fueron los que se sumaron en su día, decentes, a la lucha contra el racismo y el sexismo. Un movimiento joven y fuerte que se extiende por el mundo en defensa de los animales y nos hace tener esperanza en una existencia un poco mejor, donde hacer daño por entretenimiento de unos y negocio de otros resulte intolerable y tenga su merecido castigo. Yo estaba ahí. Declaro que salté a la arena con los seis valientes del 4 de mayo. Declaro, orgullosa, que soy una de ellos. Declaro que yo también fui arrastrada por los pelos entre orines y sangre. Declaro que yo también me rompí un pie y no me atendieron en la enfermería de la plaza. Declaro que antes de desplegar mi pancarta en el centro de ese circo romano me comían en las gradas la angustia y el miedo, los que sienten los toros. Declaro el honor de ser fichada por desorden público y desacato a la autoridad, si el orden público es clavar banderillas y espadas en la espalda a un animal secuestrado para perverso placer de japonesitos con niños y españolitos sin escrúpulos, si ésa es la autoridad: moral, no.

Señor presidente del Gobierno, estoy convencida de que usted sabe que el futuro pasa por la abolición de la tauromaquia; convencida de que usted aún no se ha pronunciado sobre los derechos de los animales con la misma valentía con que lo ha hecho sobre los derechos de otros seres maltratados porque los intereses económicos y la presión institucional se lo impiden; convencida de que algún día la ministra Narbona, antitaurina manifiesta con la que usted no ha contado para esta nueva legislatura por ser, según ella misma ha definido, "el rostro de la discordia", será considerada una admirable pionera; convencida de que usted, honestamente, pedirá público perdón por el sufrimiento causado a los animales y a los ciudadanos agredidos con esa violencia; convencida de que los seis activistas antitaurinos que se esforzaron en Las Ventas por llamar la atención del no respetable y despertar las conciencias de los dormidos pasarán algún día a la historia como los decentes del 4 de mayo. El día en que se cuente a los niños que en España se torturaba animales como una vergüenza del pasado. Convencida de que dará las gracias a Equanimal.

10:14 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

La tauromaquia es el vanal arte de torturar y matar animales en publico.Traumatiza a los ninos y los adultos sensibles. Agrava el estado de los neurópatas atraidos por estos espectáculos. Desnaturaliza la relación entre el hombre y el animal. En ello, constituye un desafío mayor a la moral, la educación, la ciencia y la cultura. La cultura es todo aquello que contribuye a volver al ser humano más sensible, más inteligente y más civilizado. La crueldad que humilla y destruye por el dolor jamás se podrá considerar cultura. Precisamente por ello, los toreros y sus cuadrillas suelen provenir de las capas más desfavorecidas de la población donde la incultura es mayoritaria.

8:40 p. m.  
Blogger sol y moscas said...

jajajajajajajajaja

seguid, seguid...

3:51 p. m.  

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